Actividad 7 primera parte - parcial final
Anexos:
Actividad 7:
Lee el siguiente artículo y
contesta las preguntas que aparecen al
final de éste.
CONSUMISMO: ¿REALMENTE NECESITAMOS TANTAS PORQUERÍAS?
Hace un tiempo, no demasiado, no hacía
falta mucha cosa para ser feliz.
Bastaba con tener la barriga llena, un techo sobre la cabeza y un poco de calor
para pasar el invierno. Eso era todo lo que el humano necesitaba, y todo lo que el humano necesitaba para ser feliz (que
no es lo mismo). Pero las cosas cambiaron.
Y cambiaron mucho. Ya no basta con cubrir
nuestras necesidades básicas para estar bien
con uno mismo. Siempre hay que tener más, consumir lo último, lo mejor, lo que está de moda.
¿Cambiamos tanto como sociedad para
que una cosa así pudiese ocurrir? Pues sí,
como sociedad cambiamos un montón.
Los avances tecnológicos lograron que el
precio de las necesidades básicas bajará. Las naciones ricas se enriquecieron aún más. Y nació una nueva necesidad de los mercados. Cuando
tú tienes la panza llena, difícilmente te interesas en comprar más alimentos. Una vez que tienes un techo, ¿para qué molestarse
en conseguir otro? Con un pedazo de madera o un poco de energía
eléctrica puedes tener suficiente calor para soportar
el frío. Y ningún mercado que quiera enriquecerse puede sobrevivir con esas limitantes.
Se necesitó, entonces, encarar el comercio
desde otro lugar: si hay un límite de bienes imprescindibles, entonces había que crear la necesidad de bienes prescindibles. Ergo, el incremento de
la oferta generó una transformación de
nuestros hábitos de consumo.
Y así nació el consumismo. Mala cosa.
De Consumo, Consumismo y Materialismo
Consumir está bien. Pero, consumir desmedidamente, no tanto. Según Wikipedia, “el consumismo
es un término que se utiliza
para describir los efectos de igualar la felicidad personal a la compra de bienes y servicios o al consumo
en general”. El Compro, luego existo, en reemplazo
del Pienso, luego existo. Es esa
necesidad que tienen algunos de cambiar
constantemente sus teléfonos móviles,
por miedo a perder status social, a ser menos que sus pares. Es
lo que obliga a miles de personas
a hacer filas frente a las tiendas
para comprar, por ejemplo, un iPhone. Es ese
enceguecimiento, esa compulsión, que
nos obliga a comprar algo antes de preguntarnos si realmente lo necesitamos.
Muchos atribuyen esa necesidad de
consumir a la falta de identidad, de propósito, de realización personal, de la humanidad actual. Al
tener la vida más fácil que nuestros antepasados,
las sociedades ricas pierden su propósito. Y
aquellos individuos que no encuentran “su
misión en la vida”, tratan de comprarla.
El consumismo, comprar por comprar, también es un mandato social, agudizado
por lo que las corporaciones nos han hecho creer. Porque, en definitiva, ¿no son las personas
con el último teléfono móvil, que siguen ciegamente las modas, que tienen el mejor coche del
mercado, las que gozan de mejor status social? Consumir, tener tal o cual cosa, no sólo habla de nuestros gustos, sino deja en claro que tenemos el dinero suficiente como para dárnoslos.
Y el dinero es poder, es status.
Pero el dinero sin bienes que lo acrediten
es algo intangible. La demostración de status pasa entonces por tener cosas que hablen de cuánto dinero tenemos.
Lo peor del caso es que ha quedado demostrado que la felicidad
no se puede comprar. Las sociedades
ricas, presas del consumismo, son las que, estadísticamente, registran mayores casos
de depresión, alcoholismo, crimen, ansiedad, obesidad y suicidios. Ya lo dicen en
la película El Club de la Pelea: “La publicidad
nos tiene persiguiendo autos y ropas, trabajando en trabajos que odiamos para comprar cosas que no necesitamos”. Y eso las empresas lo saben, razón por la cual la obsolescencia planeada es regla.
Las sociedades ricas, y consumistas, son las que registran mayor grado de depresión y obesidad.
Pero, entonces, ¿cómo es posible que esto suceda? ¿No somos
seres pensantes, acaso? Y hay que
decirlo, aunque a muchos les pueda resultar ofensivo, está comprobado que una de las causas primarias
del consumismo es la baja autoestima.
Según un estudio de la Universidad de
Chicago, hay evidencia que señala una relación entre la baja autoestima y el materialismo. Pero, lo que es más importante e interesante, también hay
evidencia que el consumismo y el materialismo son causantes de baja autoestima. Una paradoja perfecta. Veámoslo así: Tú tienes baja autoestima.
Te compras el último y más caro gadget del mercado, y te sientes bien contigo mismo. Pero, pronto descubres (al menos inconscientemente), que
mides tu valor en relación con las cosas
que tienes, y no por lo que eres. Eso te
genera más baja autoestima y compras
otra cosa. Y así, en un círculo vicioso. El mismo estudio, asegura que a medida que la autoestima
se incrementa (por la realización personal, y no
por consumir), el materialismo (y, por lo
tanto, el consumismo) decrece. Y no es ilógico si
lo piensas. ¿O acaso no es el
que tiene el coche más grande el que, se supone, tiene el pene más pequeño?
Seres primitivos
Otra causa primaria del consumismo está totalmente relacionada con nuestros cerebros primitivos. Y eso es ineludible
para cualquier individuo, tenga o no baja autoestima. El mismo mecanismo que logró nuestra supervivencia a través
de las eras más despiadadas, que logró
que sobreviviéramos a periodos glaciares, a pestes y hambrunas, a desastres y guerras, es el que nos obliga a consumir para sobrevivir. Es que, en nuestros cerebros,
tenemos la noción de que más, es mejor. Para nuestros antepasados esto era una realidad, una verdad absoluta. Mientras
más comida, por ejemplo, mayores oportunidades de supervivencia tenían. El problema ahora es, como
ya dijimos, que estamos más allá de
nuestras necesidades básicas, las tenemos saciadas. No tenemos depredadores que amenacen nuestra existencia. Las hambrunas son
cosas de países menos desarrollados.
La sociedad nos brinda todo lo que necesitamos. Aun así, el mecanismo primitivo
sigue activo. La sociedad, nuestra sociedad, evolucionó más que
nuestro instinto y no tenemos la capacidad de decir: “es suficiente”. Siempre
queremos más, porque estamos programados para que así sea. Pero, y hete aquí el problema, aunque estamos programados para querer más, no estamos programados
para disfrutar más de lo que tenemos.
Estudios de la Universidad de Emory
descubrieron que, ante la anticipación y el deseo de comprar un producto, somos recompensados por nuestro cerebro con un
estallido de dopamina. Sólo la anticipación lanza esta recompensa, no la compra. Pero, al sentirnos bien ante esta sensación, la mayoría de los individuos (y más los que tienen baja
autoestima) comprado el producto
en cuestión. El resultado es que la sensación
de satisfacción se esfuma en cuestión
de minutos luego de la compra. Por esto, y así como hay algunos adictos al peligro
(por la adrenalina resultante), hay
otros que son adictos a las compras
(por los escasos minutos de satisfacción que les brinda la anticipación). Siguiendo
con nuestros cerebros primitivos, investigadores de la Universidad de Bonn, descubrieron que los humanos no es que desean
tener más, realmente, sino que desean tener más que los demás. La competencia, totalmente
necesaria para la evolución de la especie, hoy nos está jugando una mala pasada.
¿Y por qué la recompensa ante del deseo e insatisfacción ante las
compras? Eso es un estado paradójico de nuestros cerebros. Por un lado, deseamos más, porque así
estamos programados. Pero, por el otro, nuestro cerebro está acostumbrado que a los humanos nos falten cosas.
Requiere, pide, ante la escasez de nuestros antepasados. Pero se confunde ante la
sobreabundancia que nos rodea.
¿El consumismo es malo? Sí, lo es. Consumir está bien. Así
sostenemos la economía del mundo globalizado y nos damos algún que otro lujo necesario. Pero el consumismo,
ese que te obliga a cambiar
de móvil cada vez que sale un nuevo modelo,
es depredador para el ambiente y va en detrimento de tu individuo.
1. ¿Qué teoría
del cambio da elementos de explicación acerca del consumismo?
2. ¿Cómo plantea la lectura el cambio social y sus causas?
3. ¿tú crees que el consumismo genera desequilibrio ecológico,
económico y contaminación? Si tu respuesta es afirmativa plantea tus
argumentos.
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